Cómo diseñar el 2020 en 2019 sin desistir en el intento

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No podemos predecir qué pasará, pero sí podemos decidir qué curso le daremos a nuestras acciones. Inmersos en una rutina previsible, o en una época de cambios en la cotidianidad, seguramente se preguntarán ¿cómo diseñamos los objetivos del próximo año?

Desde el Concilio de Trento, utilizamos el calendario Gregoriano en casi todo el mundo. Mas que un sistema para medir el paso del tiempo, es el parámetro para el transcurrir de nuestras vidas. La unidad “año” engloba 12 meses y culturalmente lo adoptamos como punto de partida y de llegada.

Esta referencia temporal es con la que hacemos balances, proyectamos metas y muchas veces tomamos decisiones.

 

Vagamente algunos recuerdan lo que se propusieron al inicio del pasado enero. Otros por su parte, tienen presentes sus propósitos y se toman con humor no haber llegado a la meta. No descartamos que haya quienes superaron las expectativas, o directamente abandonaron sus sueños.

Finalizando diciembre, casi en una vorágine de extrema demanda de trabajo, familia, y amigos, hacemos balances acerca del año que se va y comenzamos a idear el año entrante.

Hacemos conclusiones de un plazo temporal que juegan el papel de indicador para seguir por un camino, desistir de una meta, o continuar con un propósito.

Una mirada hacia atrás

Enero 2019. Brindis, deseos y promesas a los demás y a nosotros mismos. ¿Se acuerdan? De aquel entonces, hasta hoy, tomamos decisiones, elegimos, accionamos y las circunstancias cambiaron.

Es importante tomar conciencia de dónde estamos parados para diseñar hacia adelante. Para eso, muchos hacen balances, y desde que tenemos redes, también hay quienes lo comparten y hacen público.

Elijas o no hacerlo, hay algo que parece inevitable en todos nosotros cuando miramos hacia atrás en el tiempo: ponerle una etiqueta al año.

Decir que fue bueno o malo y otros adjetivos que mejor no reproducir, resulta injusto, me atrevo a decir, porque no es una mirada de posibilidad respecto al futuro.

Que el péndulo solo pueda ir de positivo a negativo, casi me obliga a referirme al optimismo o el pesimismo con el que evaluamos el período transcurrido y en el que sin querer quedamos atrapados para proyectar.

El excesivo o ingenuo optimismo no nos permitiría ver en qué acciones aún podemos dar lo mejor de nosotros, estaríamos con una mirada selectiva, eligiendo dejar de lado oportunidades de logros que nos hubieran costado una difícil conversación, un esfuerzo extra, o cualquier otra eventualidad que consideremos negativa. Además, puede llevarnos a decidir en la dirección incorrecta y hasta dejarnos sin plan b cuando las cosas no salgan como esperamos.

De la misma manera, el pesimismo opera de forma contraproducente hacia adelante. Ver todo mal hacia atrás, seguramente no nos deje ver acciones constructivas hacia el futuro dado que, en función de esa mirada, tomaríamos decisiones de abandonar caminos o disolver relaciones.

La clave está en ser flexibles y ver los dos lados de la balanza, y no quedarnos en el que más pesa, si no identificar qué hay en cada uno, observando a qué ámbito de nuestra vida pertenece para no generalizar. Por ejemplo, no porque hayamos tenido un año de malas ventas fue un mal año con la familia.

¿Borrón y cuenta nueva?

Si hacer borrón y cuenta nueva, implicaría olvidar y dejar atrás algunas experiencias, definitivamente no. De la misma manera en que no podemos predecir el futuro, no podemos cambiar el pasado. Es cierto que con en el auge de “soltar” y el pensamiento positivo, resulta extraño esto. Los eventos que consideremos negativos podrían implicar un valioso aprendizaje por lo que es muy importante que “dejar atrás” no signifique hacer como que no sucedió, si no seguir adelante, a pesar de, aun cuando o la expresión que más les guste incluyendo a los hechos como parte de nuestra vida.

 No porque termine el año se nos acabó el tiempo. No porque no hayamos llegado a un resultado deseado, no obtuvimos logros. Vamos, miremos bien. Con gratitud, con actitud aprendiente y encontraremos muchos motivos para seguir adelante.

Ahora sí, ¡a diseñar!

A ver. Si pasó un año y no avanzamos con un propósito, lo dejamos en un cajón y ahí quedó…o más bien ahí lleva años, ¿Qué tendríamos que hacer diferente para tener nuevos resultados?

Considerar la disciplina y la flexibilidad. Si, dos cualidades que parecen imposibles de convivir serán las que permitan transcurrir el camino hacia nuestras metas y no morir en el intento.

La disciplina es de gran ayuda cuando no estamos motivados. Hacer lo que debemos hacer para alcanzar lo que queremos lograr, aunque no tengamos ganas, aunque no encontremos el tiempo nos acercará mas a nuestra meta que una pausa.

Parece fácil de decir y difícil de practicar. En este ultimo caso, conectar con nuestro propósito, nuestra misión, nos dará los motivos suficientes para ir al gimnasio aun cuando no tengamos ganas, para leer una página más cuando estemos cansados, para compartir con los seres queridos en vez de ir a la oficina. Conectar con nuestro propósito será entonces, conectar con el super poder de hacer un poquito todos los días. ¡Imaginen lo que puedan lograr en un año!

La flexibilidad nos permitirá ser más compasivos con nosotros. Permitirnos el error, el fracaso sin caer en la deriva o el abandono porque no funcionó en un intento. Permitirnos descansar, desviarnos del camino, sin olvidar la meta.

Un nuevo año puede ser para nosotros un nuevo punto de partida.

Habiendo hecho un balance en el que observemos lo bueno y lo malo, ya estaremos listos para diseñar el próximo año, anticipando amabilidad con nosotros mismos, y haciéndonos el favor de establecer metas claras, realistas, alcanzables y medibles. Tal como los objetivos SMART, que se los presento en otra entrada. Por lo pronto, consideremos también que la temporalidad de nuestros objetivos no necesariamente tiene que ser de doce meses.

¡Que tengan excelente y diseñado 2020!

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