¿Sabes hacia dónde vas y cómo llegar?

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Me he hecho esta pregunta muchas veces en la vida, en ámbitos organizacionales y personales. En aquellas épocas, donde la palabra Misión no tenía la connotación que hoy tiene. Podía verla reflejada en qué quería lograr, dónde quería llegar y qué dejar como huella de mi existencia. A pensamientos como éstos podía considerarlos, como mi misión de vida.

Desde hace un corto tiempo a la actualidad, cobró gran fervor ésta palabra y su concepto comenzó a verse reflejado en citas, disciplinas que la desarrollan y hasta en conversatorios que la tienen como la estrella principal de desarrollo.

Nos enseñan con preguntas, que funcionan como hoja de ruta para guiarnos a la creación de nuestra Misión si aún no la tenemos, o para declararla si ya la tenemos y necesitamos ratificarla como lema de nuestra existencia.

Hacernos preguntas para definir.

¿Te has hecho esa pregunta alguna vez? ¿Cuántas veces nos preguntamos acerca de nuestra misión? Quizás sí o quizás te has hecho otro tipo de preguntas que te llevaron a la misma búsqueda. ¿A qué vinimos a este mundo? ¿Tenemos algún propósito que cumplir? ¿Cuál es el camino que debemos transitar? ¿Cuál es el sentido de la vida?

Estas no son preguntas que nos hagamos a diario, como las que sí nos hacemos para decidir qué cenar, a dónde ir, pero muy probablemente si estamos interesados en nuestro crecimiento personal, nos hayamos realizado algunas de las primeras o similares.

“Creer” que necesitamos responderlas para sentirnos completos, no es más que una artimaña de nuestra cabeza para seguir buscando por siempre, como viajar para encontrarnos con nosotros mismos, o definir sueños e ir tras ellos. Quizás debemos aceptar que éstas son estrategias mentales para generarnos esa cuestión de que algo nos falta, que no sabemos hacia dónde queremos ir, confundirnos, sentirnos eternamente insatisfechos.

Estas preguntas no se responden con la razón, están muy a mano, están dentro de nosotros, dejemos de esperar que alguien se nos acerque y nos las diga, o que tengamos una revelación en nuestra vida y la veamos frente a nuestros ojos diciéndonos, tómame.

Siente, declara y actúa en coherencia.

Lo mismo ocurre en las organizaciones e instituciones. Es por eso que todas ellas tendrían que realizar una declaración explícita de su Misión y los valores que acompañan a la misma, compartirla con sus líderes y equipos de trabajo y clientes y así orientar sus acciones a partir de una premisa, teniendo todos sus integrantes en claro, quienes son, quienes quieren ser en un futuro y los valores que tienen para poder conseguirlo.

Cuando nos reunimos con el equipo de dúin, compartimos los valores individuales para luego unir los que teníamos en común y así poder definir los de nuestra empresa, entre todos los que surgieron éstos fueron el resultado: Compromiso. Honestidad. Responsabilidad. Confianza. Innovación. Flexibilidad.

Y desde éstos como premisas, como faros, establecimos alianzas estratégicas con profesionales y colegas a fines de enriquecer la red de trabajo, posibilitando la satisfacción de las necesidades y demandas de nuestros clientes. Ser un “paraguas” en el que contemos con todas las herramientas necesarias para desplegar nuestros conocimientos y experiencias al mundo.

Y aquí estamos,  unidos por el mismo compromiso, eligiendo y accionando en coherencia con una MISIÓN que estaba dentro de cada uno de nosotros y que sólo dejamos fluir, fusionando todas para formar una, la de dúin.

Así que ya saben, cuando estén un poco perdidos, como individuos o como parte de una organización,hacernos preguntas puede ser el camino a la respuesta que llevamos dentro. Les dejo, la que  considero la más poderosa:

¿Cuál es el impacto que queremos crear en este mundo?

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